ARGENTINA: Juicio contra los militares que desaparecieron a Floreal Avellaneda en la ultima Dictadura

Publié le par Centro di Solidarietà Internazionalista

 12 LUGLIO 2009







El juicio de Campo de Mayo?

Fuente: ANRED

Desde  los  medios  de  comunicación  se  ha  presentado  el proceso por el asesinato  de  Floreal "Negrito" Avellaneda y por el secuestro y tortura de su madre, Iris Pereyra de Avellaneda, como el "juicio de Campo de Mayo". Se calcula  que por allí pasaron más de 5000 detenidos- desaparecidos. Una vez más parece hacerse presente la intención de llevar a los tribunales algunos casos paradigmáticos y dan por cerrada la cuestión.

Campo de Mayo
Campo  de Mayo está ubicado dentro de lo que fue la zona cuatro que incluía cerca de una decena de partidos de Buenos Aires: San Miguel, Vicente López, Tres  de  Febrero, Pilar, Escobar, Tigre, San Fernando, General San Martín, Exaltación  de  la  Cruz,  Zárate,  Campana y San Isidro. La zona 4 no tuvo subzonas sino áreas.
El control de todas las áreas recayó en el Comando de Institutos Militares, que  reunía  todas  las  escuelas  de "formación". El general Santiago Omar Riveros,  hoy  sentado  en el banquillo de los acusados, estuvo cargo de la zona desde septiembre de 1975 hasta los primeros meses de 1979.
En el área 470 que correspondía a lo que hasta 1994 se conoció como General Sarmiento y hoy equivale a San Miguel, Malvinas Argentinas y José C. Paz se asentaba  la guarnición de Campo de Mayo, una enorme franja militar de 5000 mil  hectáreas.  Desde  1976  hasta  1980,  funcionaron allí cuatro centros clandestinos  de  detención  tortura y muerte: El Campito o Los Tordos, Las Casitas o La Casita, el Hospital Militar y la Prisión de Encausados.



General Riveros


El Campito
Ese  campo de concentración se ubicaba en la zona conocida como Los Tordos, de  allí  proviene su otra denominación. Estaba entre el polígono de tiro y el  aeródromo  de Campo de Mayo. Las instalaciones estaban constituidas por tres edificios: uno de chapa y dos de material. No había baños en ese lugar pero  sí,  tres  salas de tortura y un salón destinado a la enfermería. Los detenidos  eran  alojados  en el edificio de chapa, que antes había servido como caballeriza.
Los  secuestrados que pasaron por allí estaban encapuchados y con las manos atadas  con  soga por delante del cuerpo. Cuando llegaban, les asignaban un número:  esa era su nueva identidad. Así los llamaban sus torturadores. Los detenidos  eran  ubicados en pabellones de acuerdo a la importancia que los genocidas  que  le  otorgaban  como  botín  de guerra, clasificación que se derivaba de su pertenencia a determinada organización político- militar. De acuerdo  a  las  instalaciones- que fueron demolidas entre 1982 y 1983-, se calcula  que  el  Ejército  podía  albergar a alrededor de 200 detenidos en forma simultánea.

Hospital Militar de Campo de Mayo
El  Hospital  Militar funcionó como maternidad clandestina para prisioneras embarazadas  provenientes  de los centros clandestinos ubicados en Campo de Mayo  así  como  también  de campos de concentración que funcionaban en las proximidades  de  la  dependencia.  Las  mujeres  eran llevadas allí cuando estaban  próximas  a la fecha del parto: eran ingresadas como "NN" a través del  Pabellón  de  Epidemiología  y  alojadas  allí con los ojos vendados y atadas a las camas, con custodia permanente. Después de verificar su estado de  salud,  a  menudo  se  les  inyectaba suero para acelerar el trabajo de parto.  En algunos casos, se les practicaban cesáreas hasta un mes antes de que  el  embarazo llegara a término. Si se trataba de un parto "normal", el bebé  se  quedaba  dos  días  con la madre. Si había nacido por cesárea, el recién nacido permanecía con ella hasta cinco días. Después era robado y su madre, regresada al infierno del campo de concentración.
Los  partos  se  producían  en el servicio de Ginecología y Obstetricia del hospital,  que  estuvo  a cargo del ya fallecido médico militar Julio César Caserotto entre enero de 1977 y diciembre de 1983. También fueron señalados como responsables de la maternidad los médicos Atilio Bianco y a Agatino Di Benedetto,  quien  también  fuera  el  primer  interventor  del Policlínico Alejandro  Posadas,  hospital  que  funcionó  durante  la  última dictadura militar como centro clandestino de detención, tortura y exterminio.

La Iglesia, en relación directa con la dictadura militar, jugó su rol en la apropiación  de  niños  y  niñas nacidos en el Hospital Militar de Campo de Mayo.  De  hecho  una  de  las  nenas apropiadas fue entregada a través del Movimiento  Familiar Cristiano. Además, médicas y enfermeras confirmaron la presencia  de  monjas  de la congregación de Cristo Rey, quienes atendían a las  secuestradas  que  habían  sido  llevadas  allí  a  dar  a  luz  y que permanecían tabicadas y atadas.


Los responsables de los campos de concentración
El responsable del Campito fue el teniente coronel Jorge Vosso mientras que el  de  Las  Casitas fue hasta 1977 el coronel Fernando Verplaetsen, uno de los  genocidas  que  está  siendo  enjuiciado,  y  después de esa fecha, el coronel  Nedo  Otto  Cardarelli.  El comandante de gendarmería Darío Correa estuvo  a  cargo  de  la  Prisión de Encausados y Ramón Posse, del Hospital Militar hasta 1977.


Campo de Mayo, ejemplo de impunidad
Campo  de  Mayo  fue de uno de los centros clandestinos más importantes que funcionaron durante la dictadura. A pesar de que son cientos los represores procesados por los miles de crímenes cometidos allí, menos de una decena de ellos están bajo arresto domiciliario y un par, en cárcel común.
Se calcula  que  por  allí pasaron cerca de 5000 detenidos- desaparecidos, cifra  aberrante  y similar a la que se estipula por la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA). De los niños que nacieron en cautiverio, sólo seis fueron recuperados.
A  33  años  del  golpe  genocida  y  a  casi  seis de anuladas la leyes de Obediencia  Debida  y  punto Final, la justicia recién está juzgando a seis genocidas  por  sólo  dos  casos.  Este  desguace  de las causas contra los genocidas  reproduce  y es funcional a la impunidad. A este paso y con este diseño  jurídico,  los  testigos  deberán relatar una y otra vez el horror.
Además,  deberán  pasar  por  la  humillación  de  los  jueces, erigidos en verdaderos verdugos, como sucedió con Iris Pereyra de Avellaneda y Arsinoe, su cuñada. ¿Es este el juicio por Campo de Mayo?



Exigimos  juicio  y  castigo  a tods los genocidas. Justicia por todos los compañeros.

Por Comisión de Prensa de Justicia YA! Buenos Aires

                    Publicado en
www.vientosdelsur.org








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